Crónica de marzo de 2017 de José Ramón Sales "La ignominia televisiva de las Fallas"

LA IGNOMINIA TELEVISIVA DE LAS FALLAS

José Ramón Sales

 

 

 

Esto no viene de nuevo. Ya en la época del fenecido Canal Nou, eyectado con la energía que emana de todo buen despropósito, las piaras de lechones y los chiqueros se hacían notar, pues al entrar en su nefasta programación, veíase claramente su vocación indolente a la hora de retratar las Fallas. Lo peor del caso es que, tal y como viene sucediendo con demasiada frecuencia en esta sociedad tan bulímica a la hora de crear nuevos conceptos al margen de las consabidas reformas políticas y demás, el Canal Nou se ha erigido como hierofante referencial. Y así, en manos de otros canales, con una discreta programación, alanceada por unos discretos presentadores, unos regidores y guionistas a la zaga y unos medios rudimentarios, nuestro estipendio a resultas de seleccionar estos canales, es un bofetón en plena cara y un mal humor que no deja de crecer mientras uno observa atónito tan semejante muestra.

No me estoy refiriendo a las continuas, reiterativas y aburridas entrevistas, cuyos personajes ya sabemos de antemano lo que van a decir, y no solo porque ya lo hemos escuchado cientos de veces en otros certámenes a los largo de los años. Ni tampoco a esa obsesiva inclinación solo por la mascletá de la plaza del Ayuntamiento, y la tediosa ofrenda, que hora tras hora parece no acabar nunca. Así mismo, tampoco voy a incidir en la muy criticable tendencia a enfocar algo tan inmenso como las Fallas en sus aspectos más inocuos y triviales, como la masa de los buñuelos, las inquietudes de un turista o la forma de vestirse la fallera X de la falla Z. Ni que todos estos canales estén cubriendo el mismo evento de igual manera en tiempo real, reforzando esta deplorable sensación de continuada repetición.

Veamos, tácitamente las Fallas son los falleros, pues sin ellos la fiesta no tendría razón de ser; pero cuando se le otorga a este imponente festejo la categoría de Patrimonio cultural de la Humanidad, no es por el jolgorio y chascarrillo que pone en pie a una ciudad entera durante unos pocos días, sino por la excelencia de esa obra, bella e inconmensurable, que se levanta con el titánico esfuerzo de un colectivo, como tributo a una solera región española. Estamos hablando, claro está, de los monumentos que la definen y cuya imagen se exporta al resto del mundo, dejando boquiabiertos a no pocos seres pensantes. Y bien, ¿cómo están contemplados dentro de la programación de estos canales? El monumento en sí, emblema de la fiesta, apenas ocupa un exiguo porcentaje de pantalla, porque el resto y mayoría, está destinado a los sempiternos detalles que las rodean.

Es curioso que, sin embargo, en canales menos pudientes, de un básico apabullante, las televisiones de estas áreas sí se dediquen a realizar recorridos por los monumentos del pueblo en cuestión, explicando además los detalles, intereses y orientación de su, por lo más, sarcástico mensaje, que es su más emblemática seña de identidad. Está bien hablar de los diferentes matices que rodean al árbol —siempre y cuando no rayen en el paroxismo y la autocomplacencia—; pero se hace necesario hacerlo también con ese árbol que se alza sobre el paisaje y del que todos hablan y a cuyos pies se mueve el mundo. Y es esto, precisamente, lo que más me ofende cuando observo la tendencia general de estos canales autonómicos. La ausencia casi total —al punto que parece deliberada— de esas imágenes que plasman esa maravillosa obra de arte que son los monumentos de las Fallas. Para aquellos que por diferentes circunstancias no pueden sumirse físicamente en la fiesta, no les queda otro remedio que recurrir a internet si se quiere obtener esa muestra de los monumentos y las declaraciones de principios que abanderan de forma individual, puesto que cada falla tiene su propia y definida personalidad.

Los diferentes epítetos que venían a mi mente mientras hacía zapping por estas cadenas, los guardo para mí; pero les puedo decir que el movimiento sistólico de mi organismo estaba francamente acelerado. ¿Cómo no hacerlo cuándo un tipo que parece surgido de Piratas del mar Caribe planta una cámara con trípode y se dedica a unas interminables entrevistas encuadradas en un primer plano que asfixia todo el relevante espacio tras los personajes en el balcón del Ayuntamiento? Ni una sola vez podía verse, claro está, un simple plano de la principal falla de la ciudad, que, a la par de aliviar la opresiva atmósfera y el monótono encuadre, nos ambientara con una imagen del emblemático monumento.

Bien parece, que esa complicidad o concomitancia entre lo banal y la necesitada falta de creatividad, no sea percibida por estas gentes llamadas profesionales del medio audiovisual. De todas formas, y metidos en estas lides, ¿quién nos asegura que lo sean? Si en política, el charcutero, el fontanero o el simple mercader, puede ocupar un puesto relevante en la política, todo es posible.

¡Ah, mis bien amadas Fallas! ¡Nunca nadie ha llegado a retratarte como mereces! Siempre las mismas caras, las mismas preguntas, las mismas repuestas, y un darle a la sin hueso sin precedentes, anquilosando tan digno músculo. Un asunto en el que importa más el individuo que su obra, la cual queda relegada a la trastienda. Primero es la laca de uñas, y después la mano, y por último quien lo luce. Ya me entienden.

Bueno, me digo, hay que resignarse; son los tiempos que corren, aunque si uno bien lo medita no son tan diferentes como los de antaño. Pues veremos la mascletá, me sugiero. Ni corto ni perezoso, enciendo mi pantalla HD y el equipo 5.1 —el mío no ha llegado siquiera al 6.1—, y me dispongo a verla y escucharla a todo volumen; ¿y qué me encuentro? Una calidad de imagen deplorable, una tasa de decibelios digna de la época de Franco, y unos parches publicitarios en el mismo centro de la disparà, anunciándome periódicamente el arroz La Fallera y similares. Eso sí, cuando termina la última salva, he de bajar corriendo el volumen porque las voces parlantes suenan que da gusto. ¿También la «ley mordaza» se aplica en estas cuestiones? Es cuando uno dice que ya ha tenido suficiente y prorrumpe en una invectiva que ya quisiera para sí Pablo Iglesias.

Bueno, al fin han pasado las Fallas y con ellas ese malhumor que se adhiere cada año cuando contemplo el desaguisado que llevamos entre manos, en la certeza de que unos breves planos de TV 1, vale más que las muchas horas de metraje gastadas en blá, blá, blá. Lo malo es que lo que sigue no es precisamente un hermoso soto, sino un denso marjal: el Trump con su muralla de Adriano, algunos religiosos abriendo el tercer ojo donde no debieran, los alimentos contaminados para mayor gloria del peculio brasileño —el poderoso, claro—, el dinero que los bancos no revierten en los bolsillos de aquellos a quienes estafaron legalmente, la inmigración a diestro y siniestro, como si de un movimiento tectónico de placas se tratase, los atentados terroristas, la falta de empleo, la nula subvención para los problemas sociales más urgentes, el dinero que se llevan a capazos algo más que unos cuantos políticos y secuaces de turno… y es que está claro, y perdónenme por la digresión, que el ser humano es por arriba todo luz y color, y por debajo todo mierda. 

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