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Crónica de mayo de José Ramón Sales. Crónicas rebeldes "El demonio de la coerción"

 

EL DEMONIO DE LA COERCIÓN

I

José Ramón Sales

 

Todos sabemos, o deberíamos saber, que todo aquel que aterriza en este convulso planeta, está sujeto a una constante manipulación, pues desde el mismo instante de nacer la ejercitamos dentro de una mutua y cómplice yuxtaposición. Conforme deambulamos por los vericuetos de la existencia, sabedores del sibilino juego, tomamos seguridad en su conocimiento. Sin embargo, en el teatro de marionetas, nada es lo que parece; y hoy, más que nunca, la falsedad expone su desabrido rostro.

Es éste un tema complejo en su extensión y tratamiento, por lo cual tenderemos a rozar ciertos temas, resumiendo los más interesantes y desconocidos. En suma, una crónica interesante, que gustará e incomodará por igual, y que dividiremos en dos partes.

 

Los medios de comunicación globales son hoy día caldo de cultivo para la coercitividad. Todos ellos transforman el producto informativo, adecuándolo a sus intereses, ya sean comerciales o sociales. Lo que antaño fue el estudio de cómo controlar a las masas mediante el uso de la programación dominante, derivó en la ciencia de la publicidad.

 El escritor y periodista Douglas Rushkoff nos define como seres consumidores, y a la vez consumidos, gracias a los deseos inculcados. Una especie de individuos clónicos, cuyo mayor exponente se halla en las tendencias y las modas; lo cual nos hace ver que las técnicas y estrategias inductoras obedecen a un estudio de la psicología de los seres humanos. Una ciencia en manos de la CIA y otras instituciones gubernamentales, que traspasó el umbral de su propia oscuridad, para insertarse en las grandes firmas empresariales.

El diablo de la coerción, cual ente salido de la religión judeocristana, obtiene su mayor triunfo en el anonimato; en una sutil ingerencia que le permita pasar desapercibido. Una de las subrepticias tácticas en venta consiste en hacernos sentir inferiores; motivo por el cual muchos jóvenes necesitan poseer las deportivas de una marca concreta. Otras, en manos de los proteicos vendedores, se basa en ofrecer confianza, mostrándose como un igual nuestro, con todos nuestros problemas y necesidades; y muchas utilizan lo del atractivo sexual. En definitiva, son tantas las fórmulas que delimitan nuestra libertad, que cualquier esfuerzo por detectar la mano invisible que trabaja sobre nuestra conducta y percepción, raya en lo imposible.

Tras siglos de manipulación humana, los orcos trabajan en las profundas simas, estudiando la influencia de los colores, sonidos, olores y ambientes. Las tarjetas de los supermercados están creadas para averiguar nuestras decisiones de compra, y los simbióticos adquieren y venden esta valiosa información a las agencias de publicidad.

El omnipresente servicio de atención al cliente es la forma más eficaz de dirigir nuestras inveteradas acciones, basándose en la feliz idea de salvaguardar nuestros intereses; una exquisita unción que nos preparará para la inmolación.

 

Observemos las triquiñuelas empleadas en los templos de venta al por menor; es decir, los grandes almacenes. La idea es extraernos de nuestro espacio conocido, para insertarnos en otro ficticio en el que podamos ser alanceados con mayor facilidad. La iluminación y la presentación, incita a poseer los productos. La ostentosidad nos relega al plano de inferioridad necesario, estimulando nuestro deseo. Los estudios indican que deben tener un diseño exterior uniforme y poco interesante, sobrio y atemporal, con pinturas en tonos neutros. Como la desorientación nos mantiene dentro del centro comercial, las plantas deberían ser hexagonales para una mayor capacidad de aturdimiento. La temperatura e iluminación constantes nos conduce al amorfo limbo, y sin posibilidad de contemplar el exterior, perdemos la noción del tiempo.

Todo estímulo tiene una respuesta. El ojo humano tiende al aislamiento de las formas humanas, y así nacen y se utilizan los maniquíes.  Si no encontramos quién nos atienda, lejos de huir, entramos en un estado de ansiedad. Con más lugares de acceso y actividad en los mismos, aumenta la circulación de personas, y las formas humanas en movimiento atraen a la gente. Consustancialmente, los pasillos más anchos hace que andemos más despacio. La ley de atracción hacia el movimiento, y la exclusión de estímulos sensoriales conocidos, muestran su cohesión con la pérdida de referencia temporal, a través de la cual la manipulación es más eficiente.

Algunos apuestan por la simulación de una venta al por mayor. Los diseños interiores simulan los de una fábrica, con sobrias estanterías, cajas apiladas sin abrir y elevadores. En lugar de carro de compra, emulamos a los contratistas de obras, usando plataformas móviles, y resulta complicado localizar al vendedor, ya que se supone que nosotros somos los expertos. Para reafirmarlo, solemos contar con una tarjeta especial.

La contextualización nos lleva más lejos. Una persona que entra a una tienda no aminora su paso hasta haber recorrido unos tres metros y medio. Antes de efectuar la reducción, ignorará cualquier exposición, previa a esta distancia. La curiosidad  entre en juego nada más traspasar el umbral del santuario, por lo que deberá encontrarse en primer lugar con los artículos en oferta. Dichos productos también se colocarán cerca de los ascensores.  La ley de la derecha invariable recomienda colocar lo importante en dicho lado, puesto que los estudios coinciden que solemos girar de forma automática en dicho sentido. Las cajas registradoras no deben ubicarse en lugares angostos, rodeadas de artículos. Un desorden controlado recrea situaciones de aparente caos, y así el ratoncillo cree haber encontrado un tesoro oculto.

Los sonidos producen muchos y variados influjos en nuestras mentes. La música juega su papel, tanto el estilo como el volumen. Dicha causalidad la encontramos en zonas de artículos económicos. Mayor ruido hace que no examinemos correctamente la calidad del producto. Los olores y perfumes afectan directamente las estructuras sinápticas del cerebro, y no a la mente consciente, impulsándonos a cooperar.

No hace falta que diga más.

Como ratas en un laberinto, seguimos el camino trazado por los científicos de la condición humana, cogiendo alguna cosilla aquí y allá, ufanándonos de la buena compra y nuestra capacidad de decisión; y es que los dedicados entomólogos han logrado crear la trampa perfecta para esos insectos hedonistas criados en laboratorio.

 

En la próxima entrega diseccionaré una coerción mucho más oscura. La que atañe al desarrollo de las sociedades humanas. En el estudio de masas se encuentran los turbios intereses, escondidos tras los masivos espectáculos deportivos, los mítines políticos y los eventos religiosos. Una manipulación elaborada y aterradora.

 

* Página web del autor: http://aristarcodealejandria.blogspot.com.es/

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