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Crónica de abril de José Ramón Sales. Crónicas rebeldes. "El matrimonio homosexual"

MATRIMONIOS HOMOSEXUALES

José Ramón Sales

 

 

Un tema candente en los anales de ésta, nuestra estrábica sociedad, es todo lo referido a la homosexualidad.

Hasta hace bien poco, en las culturas más desarrolladas, dichos comportamientos eran tachados, poco menos, de indeseables. Individuos enfermos y viciosos a los que había que atacar, controlar, y erradicar. Curiosamente, nuestros ancestros —el modelo que seguimos en el Viejo Continente—, griegos y romanos, eran muy permisibles en el tema que nos ocupa, estando completamente asimilado en su liberal estilo de vida. Es con la caída del Imperio romano y el auge del cristianismo, cuando la eutanasia sexual tiene lugar. Según los eruditos, de no haber sucedido así, nuestros comportamientos en lo referente a las relaciones sexuales, serían bien distintos.

La adopción de la nueva costumbre moral erigió como referente lo heterosexual, como antaño, las sociedades matriarcales, mutaron en patriarcales, anulando a las mujeres. Algo que ha venido haciendo toda religión, y, consecuentemente, las sociedades con su férreo escalpelo. Y así, han sido muchos los seres humanos que se han debatido en la angustia de saberse diferentes, intentando insertarse en una sociedad que les rechaza.

Demasiado dolor y sufrimiento derramado.

 

Al parecer, nos enfrentamos a un problema de ancestral educación, que provee actitudes reaccionarias, antisociales, y desde luego, retrógradas.

Desde el punto de vista cristiano, ¿no fue Jesús de Nazaret el que inspiró un bello pasaje en el Antiguo Testamento con una prostituta? ¿No se trata de amar al prójimo como a ti mismo? ¿No habla la célebre Declaración de Independencia sobre la igualdad de los derechos humanos?

 

«… todos los hombres son creados iguales; que están dotados por el Creador de derechos inalienables, entre los cuales están [los derechos a] la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».

 

¿Luego, entonces? ¿Dónde quedan tan buenos propósitos de unos y otros?

En algo huero; una patraña insidiosa y cruel. Como la mayoría de lo que nos cerca.

 

La inoculación de los «nuevos valores», al parecer, no ha sido equitativo. Y la afectada idiosincrasia se ha hecho patente a lo largo de las centurias. Pero, si tuviéramos que hacer una valoración de las sórdidas e hipócritas inclinaciones de una gran parte del mundo hetero; tal vez, el astil de la balanza se inclinara rotundamente hacia el lado indeseado. ¿Acaso los matrimonios heteros son un dechado de virtudes? Veamos la escalada de violencia doméstica que nos asola a diario. Así pues, mejor será dejar las comparaciones, ya que la bonanza de la parte preeminente no es tan prístina como pudiera parecer.

La ingravidez formula la irreverente pregunta: ¿Un homosexual nace, o se hace? Esto podría parecer cómico; pero aquellos que se las dan de indulgentes han mostrado sin tapujos su lenitivo proceder, exonerando a los que, por un sentido inescrutable de la omnisciencia divina, han sido creados de forma anómala. ¡Vamos! ¡Como si todo ser humano no sufriera transformación alguna durante el proceso de la vida!

Creo que, a estas alturas, nadie rechaza a Sócrates, a Oscar Wilde o Elton John, entre miríadas de grandes personalidades que han hecho y hacen de este mundo un lugar mejor. El recuerdo de Freddie Mercury y Rock Hudson trae a mi memoria el tema del sida, a través del cual estigmatizaron a la comunidad homosexual. Del mismo modo en el que Nerón lo hizo con aquellos a los que culpó de incendiar Roma.

La maravillosa Elisabeth Kübler-Ross, en su apasionante autobiografía «La rueda de la vida», cuenta sobre los comienzos de la pandemia:

 

«Dado que las personas que enfermaban de sida eran, en su abrumadora mayoría, homosexuales, al principio la actitud general de la población fue que merecían morir. Eso, en mi opinión, era una catastrófica negación de nuestra humanidad. ¿Cómo podían los verdaderos cristianos volverle la espalda a los pacientes de sida?

…allí escuché a un joven tras otro contar la misma dolorosa historia de una vida de engaños, rechazos, aislamiento, discriminación, soledad y todo el comportamiento negativo de la humanidad. Y no tenía lágrimas suficientes para llorar todo lo que necesitaba llorar».

 

En el siglo XXI aún nos debatimos en cuestiones parecidas, negando los derechos a muchos seres humanos, por cuestiones de orientación sexual, raza, casta, u otros motivos. Si la el problema no existiera, no habría debate. Ante la polémica de los matrimonios del mismo sexo, debemos contestarnos a una pregunta, cuya respuesta está en los corazones.

¿Aman y sienten de forma diferente los gays y lesbianas de este mundo?

La macilenta luz que nos asiste en el mundo actual, no debería hacernos perder el sentido real de las cosas. En la contestación se halla el origen de lo que somos, no cómo somos. Viaja pues hasta la fuente de la vida y descubre lo que siempre fue. Allí te aguarda la verdad, no sometida a los intereses culturales.

Otro punto, desafiando a la ortodoxia, es el tema de los hijos en los matrimonios entre iguales. Como una cosa va ligada a la otra, hallaremos la respuesta en nuestras mismas emociones. Personalmente, sí veo un problema en dichas adopciones. El mismo que ostenta todo prurito, a pesar de las condiciones adversas para tales acogidas y nacimientos. En un mundo preeminentemente heterosexual, estos niños se verán inmersos, con toda seguridad, en un periplo lleno de vejaciones escolares y otras inclementes situaciones. Negarlo, sería patético, por lamentable que sea.

 

Muchos de mis mejores amigos son, y han sido homosexuales. Personas amables, cultas y sensibles, con una gran pasión y amor por la vida. Es cierto que en alguna de mis novelas he utilizado el prototipo homosexual, como un ardid que produjera cierto contraste; pero siempre he sido respetuoso, y he cantado sus alabanzas. Personas viles, las hay en todos lados; al igual como exquisitas. Mi inclinación sexual nunca ha sido impedimento para saborear los conocimientos y experiencias de otros, a pesar de la diferencia. Y esta interacción nos permite desarrollarnos sin cortapisas, ni falacias culturales.

No hace mucho, perdí a uno de estos buenos amigos. Siendo él un supergay y yo un hetero, talla XXL, la amistad buscó la parcela común donde echar raíces. Y ambos nos sentamos alegremente en el pretil construido, para desarrollarla. Mi sentir quedará patente, si la vida lo permite, en la novela que escribo actualmente; en la fuerza de la palabra que holla la lágrima; en la emoción de la belleza marchita que sólo pervive en el recuerdo.   Indefectiblemente, la sinergia espiritual me traslada hasta el horizonte desde el que el gran humanista José Luis Sampedro nos contempla, para recordarnos que todavía debemos derribar barreras, reconstruir muchas cosas, e inventar otras.

Sea suyo el faro que nos ilumine.

 

 

* Si alguien desea comentar con el autor alguna de sus crónicas, su correo electrónico es el siguiente: jrworld@hotmail.es